martes, 15 de septiembre de 2009

BICHO PREGUIÇA





BICHO PREGUIÇA

Bicho preguiça es el nombre de un animalillo frecuente en Brasil que Maikon trajo en su memoria. Un día, en clase, al hojear un libro de Ciencias Naturales surgió una conversación sobre animales. Maikon nos habló sobre el bicho preguiça y nadie sabíamos nada de él. Entonces nos lo explicó, y señalaba que en la espalda tenía como un caparazón, pensábamos que se trataba de una tortuga, pero Maikon decía: “tataruga no”, “tataruga no”. Después de un rato de explicaciones e interpretaciones liosas, Maikon se reveló como un auténtico dibujante. Con gran soltura y seguridad nos dibujó un bicho preguiça en la pizarra que daba gusto verlo, de manera que todos lo copiamos en nuestro cuaderno para investigar sobre él.
Comenzamos una búsqueda por diccionarios, que siempre es un enredo en el que algo se pesca, aunque no tenga nada que ver con lo que íbamos a buscar. Lo primero que parecía claro es que en español el bicho preguiça se llama armadillo. Resulta que armadillo es un nombre común de los mamíferos desdentados, sus patas están armadas con fuertes uñas apropiadas para excavar y encontrar los insectos con los que se alimenta. Su cuerpo rechoncho y con una larga cola, está revestido de un caparazón de placas óseas cubiertas por escamas córneas, articuladas, dispuestas en franjas transversales que permiten al animal enrollarse en caso de peligro.
Después descubrimos que armadillo es más o menos sinónimo de tatú, con acento, y el DRAE (Diccionario de la Real Academia Española) nos informó de que tatú es una voz guaraní en Argentina, Bolivia, Paraguay, y Uruguay.
También fuimos al diccionario portugués y allí escriben tatu, sin acento, y nos dice que en Brasil hay muchas clases de ellos: tatu-bola, tatu-de-rabo-mole, tatu-verdadeiro, etc.
Con el bicho preguiça surgieron interferencias, porque si traducimos palabra por palabra, bicho preguiça sería animal pereza, y es que hay un animal que se llama perezoso.El perezoso también es desdentado, pero con pelaje pardo, largo, hirsuto. Es de andar lento, sus movimientos son torpes, es arborícola pero trepa con dificultad a los árboles, puede permanecer colgado de las ramas mucho rato, se alimenta de hojas y por eso es filófago.El perezoso para bajar de los árboles se deja caer hecho una bola.
A Maikon no le gustaban nada las palabras españolas y era muy perezoso para aprendérselas. Él quería ser futbolista y siempre se acordaba de cuando su padre y él iban vendiendo cosas con un camión por el nordeste brasileño, por allí por donde nació Lula. Ahora está toda la famila en Madrid. Sus padres llegan a casa a las 10 de la noche y casi no los ve. Hace poco los echaron del piso y se tuvieron que ir a Villaverde. Maikon tiene un perro que le trajo su tío Augusto y cuando vivían por aquí, en la avenida de Portugal, todas las tardes iba con su hermana Micaeli a pasear el perro por la Casa de Campo.

sábado, 6 de junio de 2009

LADYBUG




Hay muchas maneras de aprender palabras y quizá muchas más de olvidarlas, porque hasta que una palabra se asienta en nuestra memoria ocurre un misterioso viaje.
A mí me costó mucho incorporar a mi vocabulario, y no sé si todavía lo he hecho, palabras como decimonónico, ultramontano y regalías. No sé si porque lo mezclaba todo, porque mi profesora de historia me resultaba cargante, porque me sonaban de manera horrible o porque evocaban el antiguo régimen, negro y siniestro.
El caso es que ladybug me la aprendí en un pispás y nunca más se me olvidó. Fue Alberto, un compañero de inglés, quien me la escribió en una de esas reuniones a las que estamos obligados a asistir los tutores. Yo dibujaba una mariquita en mi cuaderno y le pregunté que como se llamaba en inglés, ladybug, me dijo. Y ahí se quedó en mi memoria hasta hoy. Pues, mira por dónde que esta mañana me he levantado y me he puesto a buscar en los diccionarios.
Dice María Moliner que el nombre científico de la mariquita es coccinel-septempunctata, por los siete puntitos que lleva, tres en cada ala y uno en el medio.
Los franceses se acercan al nombre científico y la llaman coccinelle, aunque en su vena popular le dicen, de esa manera tan amable, bête-à-bon-Dieu. Anda, que decirle bestia a ese animalillo tan agraciado. Eso es lo que nos choca a los españoles, que los franceses ven un mosquito y dicen, une bête, une bête. Ellos también llaman coccinelle al coche escarabajo, al volkswagen alemán. Y los alemanes, por su parte, llaman a la mariquita marien-käfer y kletterpapagei.
María Moliner nos enseña que la mariquita se llama también sananica, vaca de san Antón y cochinito de san Antón.
Mi madre me dice que ella ha jugado mucho con este bichito, pero cuando le he preguntado que cuántos lunaritos tiene, me dice, pues tendrá ocho, pero no, ya sabemos que son siete. Yo me acuerdo que a mí me enseñó a llamarlo coquito. Todos los niños lo poníamos en la mano y le decíamos: “coquito de Dios, cuéntame los dedos y vete con Dios”, la mariquita iba recorriendo los cinco y salía volando.
Gracias a Alberto, un buen compañero, hoy estoy leyendo este cuento, porque escribir es leer por primera vez. Y a ti, lector o lectora, te lo regalo para que ames las palabras, también las palabras inglesas: ladybug, ladybird. Ladybug lo dicen en Estados Unidos y Canadá. Esto de bug parece que viene del antiguo inglés budda, que no es más que beetle, como los Beetles, y cuidado que también hay: assassin bug, bedbug y chinchbug.

miércoles, 13 de mayo de 2009

ADIOSES








CUATRO ANGELITOS

Era “Más pájaro que ángel” pero subió tan alto que se fue al cielo, como si su moto al llegar a la cima de la montaña se hubiera disparado hasta desaparecer. Un día fuimos todo el grupo a la radio y salimos por las ondas, después quería que fuéramos por ahí para no volver otra vez al instituto.

“El ángel de las campanillas” ciertamente amaba la música, acompañaba a su primo, que se fue a Canarias a bailar flamenco, pero él después del verano no volvió. Alguien le dijo que podría ser escritor y allí en el cielo escribirá canciones entre las estrellas.

“La crisis de un ángel” es la fuerza que les impide comer a tantas ángelas que se nos van con dolor y tras un largo camino de querer convertirse en espíritus puros. Ella también nos dejó con un agujerito en el corazón.

“Ángelus novus”, grande y bonachón nos dejó a todos sobrecogidos. También a su hermano pequeño “Ángel en el jardín de infancia”, que siempre venía a preguntarme por él con amor y dulzura.

“Más pájaro que ángel”, “El ángel de las campanillas”, “La crisis de un ángel”, y “Ángelus novus” son cuatro obras de Paul Klee, cuatro dibujos del alma que os he traído para que vivan entre nosotros aquellos cuatro alumnos que nos han dejado tan pronto.

“Más pájaro que ángel”, murió en un accidente de moto. “El ángel de las campanillas” se lo llevó por delante un coche, en una bella noche de verano. “La crisis de un ángel” se llama anorexia. Y “Ángelus novus” ha sido el último, un hachazo a la vida.

lunes, 11 de mayo de 2009

LA TIERRA TIENE FIEBRE







BEBESKA

Bebeska no es de ninguno de los países PECOS, países de la Europa Central y Oriental, ni de la nevada Rusia, aunque se llame María de las Nieves. Se crió en Extremadura, pero tampoco en la Siberia aquella de Helechosa de los Montes que nos contaba Amparo, cuando vivíamos en Montijo, que ella tuvo que llegar en barca cuando fue de maestra, y casi no nos lo creíamos. Y a lo mejor aquel curso que viví en Montijo, que Bebe tenía nueve añitos la vi cuando fuera a casa de sus abuelos, por la Plaza, por la Rambla, o quién sabe si por la calle Porras o por la calle Papas. Bebe ha vivido en San Vicente de Alcántara, el pueblo de otro maestro amigo mío, Abelardo, que conocí en Sariñena (Huesca), y ha vivido en Miajadas, el pueblo de su padre, en Zafra, en Mérida, en Badajoz, en Madrid.
Bebeska es la unión de Bebe y Ska. Bebe, es la cantante Nieves Rebolledo Vila. Hija de María Nieves y de Antonio, que tuvieron a su hija en Valencia, en 1978, por motivos del trabajo, ambos son cantantes, formaron parte del grupo folk Surberina y siempre han apoyado la carrera artísitica de la pequeña. Ska, por su parte, es un estilo musical que mezcla ritmos caribeños con música negra americana, es considerado como sucesor del reggae.
Bebe es una cantante comprometida, engagée como dicen los franceses. En su disco Pafuera telarañas, canta el Ska de la tierra. El Ska de la tierra se lo han aprendido todos mis alumnos, incluidos los chinitos. “La tierra tiene fiebre, necesita medicina y un poquito de amor que le cure la penita que tiene”. La fiebre es cuestión de unos grados, pero esos grados pueden matar a un montón de especies animales. El calentamiento global puede derretir los polos y con la elevación del nivel del mar desaparecer territorios en los que viven actualmente millones de personas. Todo esto impresiona muchísismo a mis alumnos.
El Ska de la tierra es un canto ecologista y es un canto ético. Es un grito contra el mundo desalmado que hemos ido creando. Bebe nos lo enseña así: “Es que no hay respeto por el aire limpio. Es que no hay respeto por los pajarillos. Es que no hay respeto por la tierra que pisamos. Es que no hay respeto ni por los hermanos. Es que no hay respeto por los que están sin tierra. Es que no hay respeto y cerramos las fronteras. Es que no hay respeto por los niños chiquininos. Es que no hay respeto por las madres que buscan a sus hijos”.
Bebe llaga acusar la raíz de esta falta de ética que todo lo aniquila: “Y es que no hay respeto por las voces de los pueblos. Y es que no hay respeto desde los gobiernos. Y es que no hay respeto por los que huyen del doló. Y es que no hay respeto y algunos se creen Dios.” Esperamos que Bebe nos siga pinchando con sus canciones ¿nooo...?

viernes, 10 de abril de 2009

GALDÓS FOREVER


AMARÁN A FORTUNATA

¡Lástima de corazón echado a los perros! Esto dice de ella el último amigo de Fortunata. Nadie se llama Fortunata, al menos yo no conozco a ninguna, Fortunata es como una idea, aunque al autor le sale ideal, como Don Quijote, Fortunata, la gran quijota del siglo XIX. Galdós buscó este nombre para hablar de las trampas del amor. Más de mil páginas escribió para contarnos los amores tormentosos de los atormentados personajes. Muchos sufren de amor, por amor. Los que encuentran el amor de manera fortuita en la escalera. Aquellos a los que se les prepara la embaucadora encerrona como a Jacinta. Los que juegan con él como si fuera un juego, que resulta que no lo era tanto. Los inocentes, los resabiados, los poseídos, enloquecidos, y los bandidos, algo dirán, dirán, dirán, como en la canción de Pedro Guerra.
Esta novela de Galdós, Fortunata y Jacinta, es como un canto que grita lo que fue la España del siglo XIX, una comedia humana de la miseria y la desigualdad. Un cuadro viejo, un cromo, con escenario de rancia religión y política ineficaz. Esta novela es como una pena, como un largo lamento. No sé cuánta gente la lee toda, y bien que merece la pena, como nos enseñó Luis Cernuda, quien le dedica un poema en Desolación de la quimera.
Pero todos amamos a Fortunata, los que la leemos y también los que no la leen, porque Fortunata, como el amor, puede estar en cualquier parte, en cualquier tiempo y en cualquier lugar. Galdós lo atrapó en forma de “una chica huérfana que vivía con su tía, la cual era huevera y pollera en la cava de san Miguel.” El huevo, el misterio de la vida. La gallina, con tanta vida interior, que dice Clarice Lispector, quien además augura éxito a las obras que se atreven a tocar este tema. Así ocurre con Fortunata y Jacinta, en la que las aves significan tanto. Novela del viejo Madrid bien dibujado, bien conocido, con una chispita que no se apaga.
Galdós compone esta novela del adulterio subtitulada “Dos historias de casadas” parece que contra el matrimonio, institución que pinta como un desastre, aunque en un ambiente burgués como el de Barbarita y Don Baldomero puede funcionar.

sábado, 26 de abril de 2008

Escolares en fuga






TRES MOCHILAS ROJAS

Ivanov, Ibrahim y Joaquim no aparecieron por clase en toda la semana. El martes la tutora intentó hablar con alguien en los números de los teléfonos móviles que habían dado en secretaría cuando hicieron la matrícula, pero fue en vano. El miércoles el primo de Iván y la madre de Joaquim preguntaron en el instituto si alguien sabía dónde estaban. El viernes la policía informó a la directora que tres escolares con mochila roja habían sido descubiertos en un barco pesquero que había zarpado de Lisboa rumbo a Canadá.
El viernes anterior a la fuga por la frontera de Portugal, Iván, Ibrahim y Joaquín llegaron muy tarde a clase a su instituto de Carabanchel, se habían entretenido en el parquecillo que hay cerca de la estación, según nos contó Sian Sian, quien les dijo que ya eran más de las ocho y media. Esos tres alumnos formaban como un equipo deportivo, con sus cazadoras negras y sus mochilas rojas en las que podía entrar cualquier cosa, y de las que podía salir cualquier susto. Aquel día no salieron helados, ni aceitunas, ni cigarros, como en otras ocasiones.
Ibrahim soltó de su mochila a un gatito que nos liberó del pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo, de su negación implícita y nos hizo mover de nuestros sitios para ir a jugar con él. Así aprendimos adjetivos como suave, acurrucado, melindroso y felino. Ibrahim nos contó que su maestro en Agadir le había dicho que el profeta Mahoma, una vez, había recortado su túnica para no despertar a su gato que dormía sobre ella mientras él estaba sentado y que le impedía levantarse para atender a una persona que llamaba a la puerta.
Al momento y en medio de la escena del gatito, Ivanov sacó su viejo violín que había traído desde Hungría y se puso a tocar aquella nana de Warshawsky en la que el maestro invita al estudio de las letras, letras que ríen y letras que lloran.
Joaquim, el brasileño, que no quería jugar al fútbol en prosa, sacó su balón y se puso a hacer piruetas aplaudidas por toda la clase.
La profesora, con miedo del alboroto formado por causa del gato, del violín y del balón y después de desistir de tan antipático pretérito, tuvo la ocurrencia de escribir en la pizarra para después del recreo:
El gato piensa sigiloso:
“fútbol et musique avant toute chose”

viernes, 25 de abril de 2008

Cantar para vivir.

CECILIA Y MARÍA

Cecilia y María tienen un algo especial, un algo como religioso, con esos nombres tan santos. Aunque Cecilia Bartoli ya ha cantado esa ópera prohibida por el Vaticano en el siglo XVIII. El cuerpo canta, el alma se lamenta. Cecilia Bartoli y María Malibrán son almas y amigas que se han encontrado en el canto, la más bella de las artes.
Por Navidades cuando vamos al pueblo vemos la televisión, porque como aquí no tenemos, allí aprovechamos para ponernos al día de lo audiovisual. A mí los anuncios me apabullan porque aunque ya sé que todos son para que compres sin enterarte, a veces quiero enterarme de lo que muestran, y como van tan deprisa tardo en ir atando cabos. Entonces salía un anuncio que decía Cecilia María y cantaba Cecilia Bartoli. Pero yo no me enteraba si era una o si eran dos, o qué pasaba, hasta que ya comprendí que Cecilia había editado un disco homenaje a otra cantante, María Malibrán (París 1808 - Manchester 1836).
Entre ambas artistas se ha producido una comunicación a distancia, in ausentia, como si sus voces llegaran desde lejos y desde hace tiempo y pudieran unirse. Como si Cecilia oyera la voz de María y cantara con ella, como ella. Es verdad que ahora me acuerdo que en el programa de radio “Clásicos populares” yo había oído lo de la saga de los García, y que el padre se llamaba Vicente García, y a mí me hacía gracia porque mi padre también se llamaba Vicente García. Era como si María Malibrán y yo fuéramos primas hermanas. Y es que a mí de pequeña lo que me hubiera gustado ser era gitana para bailar y cantar, que siempre he sido torpita para eso. Y mira, María Malibrán tenía un bisabuelo o tatarabuelo gitano andaluz. Y a Cecilia también la he oído en la radio y es una italiana encantadora, que se comunica espontáneamente y con simpatía responde a todas las preguntas y ha montado en un camión una exposición itinerante con objetos de la Malibrán. Pero qué historias, empecé a mirar por internet y fui de asombro en asombro.
Resulta que María Malibrán tomó partido por el liberalismo revolucionario italiano y se convirtió en un símbolo de la resistencia contra Austria. Y nosotros sin enterarnos. Pero no sería porque no nos han dado la vara con el romanticismo: que si Alemania, que si lo nocturno, que si el sentimiento. Pero de María Malibrán nadie nos habló nunca, ni en la escuela, ni en el instituto, ni en la facultad. Dicen que la popularidad de la Malibrán llegó al paroxismo y que se enamoró de ella el hijo de Robert Owen, el socialista utópico. María Malibrán hablaba cinco idiomas y era una mujer cultísima. La vida amorosa de María fue bastante turbulenta. Ella en realidad se llamaba María Felicia García Sitges. Pero cuando a los diecisiete años se casó con Eugène Malibrán que le llevaba 27, adoptó el nombre del marido. Y menos mal que el marqués de Lafayette la ayudó a divorciarse del Malibrán, que resultó ser un rosellonés de origen bereber (Al Ibrahim) que se quería aprovechar del talento de María. Ella era una soprano lírica dramática con coloratura, absolutamente genial según Rossini, que arrojada en brazos de la música, el amor y la aventura murió en Manchester a los veintiocho años de un espectacular accidente a caballo, dejando a su hijo Charles Auguste Beriot con tres añitos.
En la época romántica los artistas que gozaron de mayor reconocimiento fueron los músicos y María Malibrán fue admirada por los más importantes: Rossini, Bellini, Donizetti, Chopin, Mendelssohn, Liszt. Todos ellos tuvieron relación y amistad con la saga de los García. María interpretó Cenerentola de Rossini, cantó mejor que Giudita Pasta Casta diva de Norma de Bellini. Rossini compuso el papel de Almaviva de El barbero de Sevilla especialmente para Vicente García. También fue cantante Pauline Viardot (1821-1910) novia de Turgueniev y hermana de María, ambas hijas de la gaditana Joaquina Sitges (1780-1864), conocida con el nombre artístico de Joaquina Briones. Otra hermana de María, también cantante fue Josefa García Morales, hija de Manuela Morales, la primera esposa de Vicente García, cuyo nombre completo es Manuel del Popolo Vicente García (Sevilla 1875- París 1932), que nos ha dejado su famosa obra Yo que soy contrabandista:
Yo que soy contrabandista y campo por mis respetos y a todos los desafío porque a nadie tengo miedo. ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay, muchachos! ¡Ay, muchachas! ¿Quién me compra hilo negro? Mi caballo está rendido ¡y yo me muero de sueño! ¡Ay! ¡Ay! Que la ronda ya viene y se empezó el tiroteo. ¡Ay! ¡Ay! Caballito mío, caballo mío, careto. ¡Ay! ¡Ay! Caballo, ve ligero. ¡Ay! Caballo, que me muero. ¡Ay!
Me parece a mí que este Vicente García era tan contrabandista como Santa Cecilia música, que dicen que hay un malentendido porque donde decía “candentibus organis” alguien se equivocó y con acierto leyó “canentibus organis”, pues convirtió lo de las torturas en músicas celestiales.